lunes, 17 de abril de 2017

Ojalá fuera ficción

Llevo mucho tiempo queriendo escribir sobre este tema. Quizás me he animado porque me parece que por fin ha llegado el momento oportuno. La mayoría de los que leáis esto habéis visto o habéis oído hablar de 13 Reasons Why, esa serie sobre el acoso, sobre el bullying, sobre el suicidio adolescente o como queráis llamarlo. Pero esto no tiene que ver ni conmigo ni con la serie, sino con todos nosotros.

El caso es que parece mentira que haga falta que Netflix vuelva viral algo como esto para que os deis cuenta de que existe. El caso es que, desgraciadamente, no es ficción. Vidas como la de Hannah, como la de Clay, como la de otros personajes... podrían ser las de alguien que conocéis. Podrían ser la de esa chica que siempre va sola y ese chico que no juega al fútbol. Podrían ser la de aquel que sufre todos esos susurros y risitas a su espalda, la de aquella que siente que ha hecho algo para merecerlo. La de los que nadie invita nunca. El caso es que tenéis que mirar más allá de la pantalla del ordenador, porque está pasando más cerca de lo que creéis.

Suena a cliché, pero deberíais tener en cuenta las consecuencias de lo que hacéis. Acción-reacción. De toda la vida. Se me parte el alma cada vez que leo una noticia relacionada con este tema. No se puede vivir mirando por encima del hombro ni pisoteando a todo aquel que se te pone por delante. Un poquito de humanidad, que una sonrisa no cuesta nada, o unas buenas palabras, o incluso el silencio si es mejor que lo que ibas a decir. Aunque a veces es precisamente ese silencio el problema. El silencio ante el no saber qué hacer. El silencio ante el miedo a convertirte también en un blanco. El silencio por vergüenza. El silencio para seguir encajando.

Lo que puede parecer una tontería sea probablemente un mundo para vuestro objetivo, se pueden destrozar muchas sonrisas tontería tras tontería. Porque la montaña es cada vez más grande, y esa otra persona se hunde cada vez más y, cuando os deis cuenta de lo que estáis haciendo, será demasiado tarde para volver atrás. Imaginaos una diana. Absolutamente todo el mundo se ha fijado en esa diana, vais tirando dardo tras dardo. ¿Qué pasa con la gente que estaba a su alrededor? Se aleja. Tienen miedo de que os falle la puntería, de que les salpique algo. Y por ese mismo motivo no se van a meter entre vosotros y vuestra diana. Por ese motivo no van a parar vuestros dardos. Y la diana se acaba cayendo con el peso de vuestros dardos, se acaba rompiendo en pedazos.

Parad. Parad antes de destrozar más cosas: no sabéis por qué hacen o dejan de hacer algo y no sabéis por qué no son como vosotros. A lo mejor porque encerrarse en una pequeña jaula de cristal es más tentador que salir a volar ahí fuera.

Insisto, no me pasa nada, que nadie se asuste, pero todos tendremos siempre un pedacito de culpa de lo que pueda pasarles a los demás. Recapacitad, anda, que la vida está para cometer errores, pero hay errores que no se perdonan. Hay errores que no tienen perdón. Hay errores que destrozan dianas.

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lunes, 3 de abril de 2017

Cause it takes time learning to fly

Marzo vuela y abril aterriza como las últimas hojas del otoño pasado, flotando en ese soplo de aire fresco que tanta falta me hacía.
Las ideas en mi cabeza siguen comportándose como un remolino. Algunas caen, se posan en mi subconsciente y algo me dice que las persiga, pero el cambio de aires las vuelve a hacer despegar.
Y es entonces cuando yo despego también, mi imaginación me lleva muy lejos y muy arriba, y hago equilibrios sobre una cuerda que hay que aflojar. Y llega la caída libre, pero nunca toco el suelo, me nacen alas y sigo creciendo, sigo subiendo y sigo sin poner los pies en la tierra. Pero entonces la tormenta afloja, y con ella la cuerda, con ella los equilibrios. Se va despejando el cielo, y con él, las dudas. Florecen en Keukenhof los tulipanes y en mi libreta las decisiones.

Como un constante tira y afloja de lo que sé y lo que no, de lo que quiero y lo que puedo, de lo posible y lo improbable. 

(Y entonces el viento se levanta otra vez y la brisa de mi playa me hace cambiar de opinión un día más).



Todavía puedo hacerlo mejor y voy a hacerlo mejor.