jueves, 16 de noviembre de 2017

-Noviembre (no siempre)-

Noviembre no viene siempre de la mano de la lluvia y con quebraderos de cabeza. A veces viene cargado de nuevos planes, gofres y un merecido descanso que no llega. 

Y es que septiembre ha sido un torbellino de aire fresco y octubre todo un huracán de novedades. El día y la noche de lo que era antes, los madrugones y las madrugadas en vela. Las explicaciones a altas horas de la tarde, las promesas y las disculpas.

El cambio de hora y de continente mental. De contenido que va mudando como mis ideas nunca claras. Las ganas de escribir y la falta de tiempo para descifrarme.

Los horarios solapados y la agenda a punto de explotar, como mis nervios a flor de piel. Como el frío que llegaba tarde y me despertó un día con la nariz congelada.

Noviembre esta vez me ha dado un poco de sur para seguir (vi)viendo el norte, me ha puesto un viaje entre las manos y me ha prometido unos cuantos para que diciembre, enero y febrero no se sintieran solos.


Hacía años que este mes no me sabía tan bien. Noviembre siempre triste y tú viniste proponiendo guerra, pero esta vez soy yo la que se la ha declarado al otoño. 

(Y por fin me siento del todo en casa otra vez).


lunes, 30 de octubre de 2017

Piedras en mi tejado

Suelo alegrarme más por lo ajeno y tirar piedras en mi tejado, pero soy la primera en querer serlo y la última en reconocerlo.
Siempre soñaré con los pies aunque ya haya dejado de bailar y una ola me cura hasta el mayor de los males.
La del colacao calentito que le hace ascos al café. Y a la cerveza. Y al té. A la comida mexicana, el sushi y la ensalada. Aunque no se los hago a un gofre bien hecho ni a un buen plato de pasta.
Pero siempre me sabe a poco y puede que por eso no me gusten los puntos finales ni las historias a medias. 
Muy a pesar de muchos me tiran más las letras y creo que siempre moverán el mundo. 
Mi casa está ya en demasiados sitios y soy incapaz de decir que no y de tirar un recuerdo. Y echo mucho de menos. Así, sin pronombre.
Conecto demasiado y me siento responsable incluso sin saber muy bien de qué, ni dónde ni cuándo, ni por qué llevo esa banda sonora conmigo.
Soy de césped recién cortado, brisa marina y petricor. De océano Atlántico, terrazas al sol, de perder el norte y perderme en cualquier parte. Odio las mates y si os miento me lo notáis en la cara. 
De risa fácil e ideas difíciles. Nunca claras y siempre en el último momento. 
De principios en la cima y días de montaña rusa, de coger confianza rápido e ir soltando lastre por el camino. De primeras impresiones y dejarme querer, pero nunca hacerlo yo.
Aparento tenerlo todo organizado, pero no  soy más que un gran caos con libretas donde plasmarlo.



domingo, 1 de octubre de 2017

Principios

Mentiría si dijese que los principios son fáciles, que no es complicado dar un salto al vacío y dejarlo todo atrás por perseguir una idea loca.
Mentiría si dijese que no he tenido tiempo de estar triste en todo el que llevo aquí y que no he soltado algunas lágrimas la noche anterior a mi cumpleaños.
Y sé que tengo razón si digo que seguramente esto merezca la pena. Por muchas veces (aunque hasta ahora han sido pocas) que tenga ganas de tirar la toalla y tenga que reprimir las de entrar en Ryanair y volver a dejarlo todo atrás. Que aunque mi vida quepa en una caja hay cosas mucho más grandes y que los actos, no las palabras, a veces vienen de la forma más inesperada e incluso en prosa.
Y mentiría si dijese que no sé que soy yo, que me cuesta dejar atrás y me cuesta empezar. Empezar porque tengo que abrirme y dejar atrás porque igual que yo, las cosas cambian. Y hay días que es como si lo hicieran más rápido de lo que deberían y es esos días cuando veo que yo no puedo hacer nada para evitarlo.
Porque estoy en un punto de inflexión en el que no estoy ni aquí ni allí. Supongo que hay días que necesito un pedacito de allí para sobrevivir aquí.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Septiembre

Septiembre es empezar a decir que sí. Septiembre es una sonrisa con los ojos. Es estar a la altura y brillar con las ganas de seguir siendo principios. De seguir conociendo, descubriendo, deshaciendo, despidiendo.
Septiembre es guardar las distancias, pero no las ganas.

Septiembre está bajo tus pies y sobre tu cabeza, como las nubes, como las ideas claras. Septiembre es hablar muchos idiomas y por los codos, no tener tiempo de respirar y acabar jugando a las sillas con los ojos tapados.

Pero septiembre también es empezar y expresar, y escribir y pensar. Es el ratito que no tengo para mi cabeza, mis tachones, mis mayúsculas y mis espacios. En blanco y en el tiempo.
Septiembre es guardar las diferencias e inseguridades, dejar de pensarlo. Esa cicatriz de las heridas del verano que empieza a cerrarse, esas agujetas donde no sabías que existía un músculo, ese sueño interminable que es el mismo al que caes rendido las pocas horas que te quedan libres.

Septiembre son contrastes, es lluvia y es calor, frío y sol, sustos, son cambios de planes que se pelean por caber en la agenda.

Septiembre es un amanecer y un anochecer desde la misma ventana de avión, desde el mismo vuelo y como un torbellino que dura 30 días.


Es un salto al vacío que te recoge en paracaídas cuando menos te lo esperas. Una mala idea que ha salido bien y que se seguirá repitiendo mientras septiembre quiera que lo sigamos improvisando.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Querido verano de 2017, gracias

Érase una vez la historia de un verano con pocos días de playa y piscina, mil canciones que he cantado hasta aburrir, viajes y experiencias nuevas, y sobre todo personas. 
Esta es la historia de cómo siempre me gustó tener las cosas controladas, los cabos atados. De cómo a veces decido soltarlos y quedarme a la deriva, dejarme llevar.
Esta es la historia del verano en el que disfruté de un gran viaje por EE.UU. y de 4 días casi a la vuelta de la esquina.
De cuando decidí que improvisar era mi mejor baza y de cuando se me fue de las manos el tiempo libre y no supe gestionarlo y se mezcló con los planes de última hora. De las prisas y las pausas, que no fueron capaces de congeniar. 
De pocos planes fijos, de los que siempre he perseguido, de muchos, muchísimos escenarios nuevos. De tachar unas cosas y añadir otras, de ampliar listas y romper barreras.
Una historia de cuando me enseñasteis que, a veces, la arritmia es el mejor compás. De nervios buenos, de los de risas flojas con cosquilleo que sube desde la barriga y cabos sueltos de los que os hablaba.
De cuando en mayo cerré los ojos y al abrirlos era 10 de septiembre... y sus puntos y aparte. Con principios que parecen finales y finales que bien podrían llamarse principios. Septiembre y sus leyes no escritas. Septiembre sinónimo de oportunidades. El mes de las cuestas arriba. Llega con nombre de broma de mal gusto y se convierte en uno de esos chistes malos que nos acaban haciendo llorar. "Y es que septiembre es como la última canción cuando ya ha terminado el concierto".


Esta es la historia de un gran punto de inflexión, de cómo terminé la carrera, tomé decisiones y acabé poniéndole destino a mi billete de tren de 12 horas. Sí, Barcelona.
De cuando decidí soltarme de mí misma, volver a hacer la maleta y saltar al vacío. Es la historia de lo que pasa cuando tu vida cabe en cajas. 
Un cuento que acaba con "y siempre volver". Sé que aquí nací*, y aunque quisiera quedarme no podría, pero sí sé que seguiré volviendo hasta que no quede nadie.



"Toca ir cerrando un verano más, encontrar los relojes y empezar a hacer calendarios. Toca volver a la rutina, a los "odio Ferrol" y los "os echo de menos". Pero una vez más me llevo las fotos y los recuerdos y me quedo con la promesa de volver en Navidad, Semana Santa y verano tras verano a cerrar, cada año, todos los bares al grito de "sé que aquí nací y aquí quiero quedarme". Un 31 de agosto más que se lleva el viento de la playa de Pantín. Nos vemos pronto, Ferroliño, no cierres sin nosotros y no escuches las cosas feas que decimos de ti."