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Crecer es aprender a despedirse

Dicen que crecer es aprender a despedirse. De personas que ya no están. Algunas a las que he tenido que cerrarles la puerta. O las ventanas. Porque se habían convertido en ese ruido molesto al entrar en la autovía cuando no has cerrado bien una ventanilla. A despedirse también de olores, de sabores, de colores que antes veía más brillantes. De todas las ciudades que me han llevado a quien soy hoy. Que le han dado un sentido a mi nombre, con un acento, un apodo, un idioma. Pero crecer también es aprender a despedirse de versiones de mí que ya no existen. La que viajaba a otros mundos cuando leía. La que no miraba la hora mientras volvía a casa en Barcelona. La que decía que sí a todos los planes en lunes, jueves o domingo. La que tenía la maleta en la puerta cada semana. La que dormía en un colchón en el suelo con vistas al barrio de Gràcia. La que se mudó sin mirar atrás. La que cada viernes elegía peli, juegos y cena. La que se equivocó y la que acertó. La que cada fin de semana podí...

Septiembre torbellino

Ha volado septiembre y casi la mitad de octubre, ya de lleno en otoño, aunque se nos resista por aquí. Hace 2 semanas cumplí 30. Otra vez tengo el pelo corto, estoy en paz y sigo construyéndome cada día. El finde pasado volví a pasear por Vigo con calma. Por sus cuestas, su lluvia, su puesta de sol. Casi 10 años después. También tenía el pelo corto. Creo que la Alicia que paseaba por las cuestas de Vigo con 20 años estaría orgullosa de la que lo hace con 30. También lo estaría de la Alicia que cumplía 28 con la plaza recién sacada y completamente perdida pero feliz en un aula, después de un año complicado y sin saber que venía otro igual. De la que cumplió 25 en una ciudad nueva después de los 24, sorpresa tras sorpresa, y sin saber que era el último en Barcelona. De los 23 en Vilahate, feliz, y 20 en Villapum, un poquito rota. Los 19 empezando el Erasmus. Los 21 fueron los últimos en Vigo porque los 22 me llevaron a Barcelona. Creo que también estaría orgullosa la mini yo que cumplía ...

23 de enero

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2024 empezó muy mal. Hoy para mí hace un año de ese comienzo. 366 días. Unos pocos en los que solo podía ver las olas revolcándome y tragar mucha agua. 350 días de aprendizaje. Más de 300 en buena compañía. 2 bodas. Mucho norte. Más sur. 8 viajes. Un par de sustos. 400 lloraditas y a seguir. Muchas tardes en casa. Horas de cine. Sol. Música en directo. Cenas de dos. Planes improvisados. Un 2024 de baches, de miedo, de aprendizaje. Un 2024 que se paralizó el 23 de enero y un par de veces más por el camino al año nuevo. Me ha costado 23 días de 2025 tener ganas de terminar y compartir este texto. 23 días de 2025 y 366 de aquel día en el que todo, menos simplemente "estar", fue un poco más relativo. 366 desde ese tren y ese avión con lágrimas en los ojos. 366 de ese guardia de seguridad en la puerta del hospital al que siempre agradeceré el gesto. 366 de mi primer adiós para siempre. Hoy sé que descansas y que has sonreído al vernos brindar el 31, juntos, como a ti te gustaba. A...

Casi septiembre de nuevo

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Casi septiembre de nuevo. Aquí estoy. No podía entrar en septiembre sin escribirle una carta de bienvenida. Una carta de (a)mar a mi mes. Cada 31 de agosto salto entre dedicatorias a cada nuevo comienzo, a cada mudanza, a cada primera piedra en tantos caminos que he recorrido y en los que sigo descubriendo infinitas bifurcaciones. En esta falta de constancia que siempre es septiembre, de promesas, de propósitos, de principios inciertos, por primera vez me enfrento a una estabilidad desconcertante. Este septiembre no hay cajas en la puerta, no hay caras nuevas, no hay miedo por llegar a un sitio nuevo. Este septiembre me envuelve con su paz, siempre salpicada de emoción y cosas por hacer. Me han dicho muchas veces que soy calma. Pero no se han asomado a mi caos interno. Desde hace un par de años la calma se acerca poco a mi realidad. Lo que por fuera es una noche tranquila llena de estrellas, por dentro es una tormenta de verano. Esta tormenta de verano pedía a gritos un septiembre de c...

2023-End of youth

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No sabría por dónde empezar. Siempre me ha gustado releer lo que le pido al año cuando ya va llegando a su fin y hace 365 días le pedí al 2023 que vinieran cosas bonitas, personas vitamina y sueños cumplidos, que viniera salud, mucha salud, que reinase el amor y que viviera la ilusión . Por la recompensa al trabajo bien hecho. No ha sido así. Supongo que mantenerme en "el mejor año hasta el momento" era un sueño adolescente que no podía ser eterno. Y es que al final las piedras son parte del camino, te obligan a estar alerta y te recuerdan lo importante de saborear cada paso para no caerte de morros. Yo sigo sin poder evitar recordar también lo bonito , que lo ha habido. Enero donde siempre, con los de siempre y de vuelta al sur. De churros con chocolate, de amigos y de finde en la nieve. En febrero taché un destino de mi lista de viajes. Visitamos Escocia con sol y con frío, con virus y mucho sueño en nuestro salón victoriano. Marzo empezó con una noche en el aeropuert...

Verano, al fin y al cabo

Cada vez que alguien pregunta, siempre dando por sentado que es imposible echar de menos el tiempo del norte, es porque nunca ha estado allí de verdad. Nunca ha visto cómo el sol pinta el océano de naranja en cada atardecer. Ni cómo la lluvia pinta de verde las montañas. No sé si existe alguien que nos supere en tonalidades, millonarios en colores. Cada vez que alguien pregunta, dando por hecho que no se pueden preferir los 19° a los 30°, es porque no ha disfrutado un día de playa con sudadera  De una tormenta en verano, de las caricias de la primavera en un día de sol inesperado. Cada vez que alguien pregunta por los deseos para año nuevo, no saben que el mío empieza en septiembre, con los fuegos artificiales, los altavoces en la colina y la fábrica de olas. Siempre he pensado que hay algo mágico en la forma de su costa desde la ventana del avión que anuncia unos días de paz. En sus carreteras rodeadas de árboles y la luz que se escapa entre ellos. En las palabras con las que Andr...

Levántate

Me tambaleo sobre el asfalto Me abrigo en un verano incierto  y me empapo de palabras vacías Aviones sin solución y maratones de ordenador Suena life's for the living so live it Tengo los cordones y los pies atados El corazón ardiendo de ganas de gritar Todo está lejos, cuesta arriba y yo no sé cambiar de marcha Hace meses que es primavera  Pero suena noviembre en mis oídos Caída libre de horas perdidas Sueños en bucle y miedo al fracaso A la decepción Al síndrome del impostor que me despierta por la mañana Levántate, hay que seguir Por los demás, por ti, por mí Levántate, el sol ya calienta Levántate, ya casi llego Levántate Puedo hacerlo  (O eso me hacen creer)