domingo, 1 de octubre de 2017

Principios

Mentiría si dijese que los principios son fáciles, que no es complicado dar un salto al vacío y dejarlo todo atrás por perseguir una idea loca.
Mentiría si dijese que no he tenido tiempo de estar triste en todo el que llevo aquí y que no he soltado algunas lágrimas la noche anterior a mi cumpleaños.
Y sé que tengo razón si digo que seguramente esto merezca la pena. Por muchas veces (aunque hasta ahora han sido pocas) que tenga ganas de tirar la toalla y tenga que reprimir las de entrar en Ryanair y volver a dejarlo todo atrás. Que aunque mi vida quepa en una caja hay cosas mucho más grandes y que los actos, no las palabras, a veces vienen de la forma más inesperada e incluso en prosa.
Y mentiría si dijese que no sé que soy yo, que me cuesta dejar atrás y me cuesta empezar. Empezar porque tengo que abrirme y dejar atrás porque igual que yo, las cosas cambian. Y hay días que es como si lo hicieran más rápido de lo que deberían y es esos días cuando veo que yo no puedo hacer nada para evitarlo.
Porque estoy en un punto de inflexión en el que no estoy ni aquí ni allí. Supongo que hay días que necesito un pedacito de allí para sobrevivir aquí.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Septiembre

Septiembre es empezar a decir que sí. Septiembre es una sonrisa con los ojos. Es estar a la altura y brillar con las ganas de seguir siendo principios. De seguir conociendo, descubriendo, deshaciendo, despidiendo.
Septiembre es guardar las distancias, pero no las ganas.

Septiembre está bajo tus pies y sobre tu cabeza, como las nubes, como las ideas claras. Septiembre es hablar muchos idiomas y por los codos, no tener tiempo de respirar y acabar jugando a las sillas con los ojos tapados.

Pero septiembre también es empezar y expresar, y escribir y pensar. Es el ratito que no tengo para mi cabeza, mis tachones, mis mayúsculas y mis espacios. En blanco y en el tiempo.
Septiembre es guardar las diferencias e inseguridades, dejar de pensarlo. Esa cicatriz de las heridas del verano que empieza a cerrarse, esas agujetas donde no sabías que existía un músculo, ese sueño interminable que es el mismo al que caes rendido las pocas horas que te quedan libres.

Septiembre son contrastes, es lluvia y es calor, frío y sol, sustos, son cambios de planes que se pelean por caber en la agenda.

Septiembre es un amanecer y un anochecer desde la misma ventana de avión, desde el mismo vuelo y como un torbellino que dura 30 días.


Es un salto al vacío que te recoge en paracaídas cuando menos te lo esperas. Una mala idea que ha salido bien y que se seguirá repitiendo mientras septiembre quiera que lo sigamos improvisando.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Querido verano de 2017, gracias

Érase una vez la historia de un verano con pocos días de playa y piscina, mil canciones que he cantado hasta aburrir, viajes y experiencias nuevas, y sobre todo personas. 
Esta es la historia de cómo siempre me gustó tener las cosas controladas, los cabos atados. De cómo a veces decido soltarlos y quedarme a la deriva, dejarme llevar.
Esta es la historia del verano en el que disfruté de un gran viaje por EE.UU. y de 4 días casi a la vuelta de la esquina.
De cuando decidí que improvisar era mi mejor baza y de cuando se me fue de las manos el tiempo libre y no supe gestionarlo y se mezcló con los planes de última hora. De las prisas y las pausas, que no fueron capaces de congeniar. 
De pocos planes fijos, de los que siempre he perseguido, de muchos, muchísimos escenarios nuevos. De tachar unas cosas y añadir otras, de ampliar listas y romper barreras.
Una historia de cuando me enseñasteis que, a veces, la arritmia es el mejor compás. De nervios buenos, de los de risas flojas con cosquilleo que sube desde la barriga y cabos sueltos de los que os hablaba.
De cuando en mayo cerré los ojos y al abrirlos era 10 de septiembre... y sus puntos y aparte. Con principios que parecen finales y finales que bien podrían llamarse principios. Septiembre y sus leyes no escritas. Septiembre sinónimo de oportunidades. El mes de las cuestas arriba. Llega con nombre de broma de mal gusto y se convierte en uno de esos chistes malos que nos acaban haciendo llorar. "Y es que septiembre es como la última canción cuando ya ha terminado el concierto".


Esta es la historia de un gran punto de inflexión, de cómo terminé la carrera, tomé decisiones y acabé poniéndole destino a mi billete de tren de 12 horas. Sí, Barcelona.
De cuando decidí soltarme de mí misma, volver a hacer la maleta y saltar al vacío. Es la historia de lo que pasa cuando tu vida cabe en cajas. 
Un cuento que acaba con "y siempre volver". Sé que aquí nací*, y aunque quisiera quedarme no podría, pero sí sé que seguiré volviendo hasta que no quede nadie.



"Toca ir cerrando un verano más, encontrar los relojes y empezar a hacer calendarios. Toca volver a la rutina, a los "odio Ferrol" y los "os echo de menos". Pero una vez más me llevo las fotos y los recuerdos y me quedo con la promesa de volver en Navidad, Semana Santa y verano tras verano a cerrar, cada año, todos los bares al grito de "sé que aquí nací y aquí quiero quedarme". Un 31 de agosto más que se lleva el viento de la playa de Pantín. Nos vemos pronto, Ferroliño, no cierres sin nosotros y no escuches las cosas feas que decimos de ti."


miércoles, 30 de agosto de 2017

"Songs you never sang back"

Ella escribe historias sobre el papel y se divierte con sus ideas de bombero y con el desnivel.
Él canta con todos los colores, reinventando canciones de pinceladas mayores.

Ella siempre aceptó no ser más de un 6 y medio y él todavía la describe sobre las nubes, como un 12, riendo.
Ella puso nombre a los miedos de él y él le retrató sus noches en vela.
Ella se inspiraba en los bocetos rotos de cuando él no era capaz de dejar su huella.

A él le gustaba quedarse hasta tarde escuchándola hablar y a ella mirando cómo pretendían soñar.
Ella era de domingos, chocolate y quejarse; él de pelis, palomitas y dejarse.
Él era de muchos reflejos y pocas palabras y ella se dejaba hipnotizar por los silencios que le cantaba.

Ella, rizos de "hoy no estoy peinada"; él la camiseta siempre de pintura, manchada.
De sacarle medias sonrisas con todo lo que ella detesta, de dejarle sin pistas sobre lo que aún a día de hoy le molesta.
De dar vueltas con los ojos cuando con los pies ya no puede, de tratar de explicar con colores lo que todavía no entiende.

Ambos se negaban su existencia mutua, solamente reflejada en los dibujos de él y las páginas de ella. Pero hay quien dice probarla en la canción que sonaba ese verano y en las películas que ocuparon tantos inviernos.

Pero el miedo todavía llama a la puerta. Miedo a que un día a él se le rompan los recuerdos y se le quiebren las canciones. Sin acordes menores. Sin pinturas en la playa. A que a ella se le entrecierren las palabras. Sin mayo. Sin verso, sin armonía.
Necesitan muy fuerte que les deshagan los nudos en la garganta. Que les canten la primavera. Que les abracen todas las penas.

Esto va de historias. Ella escribió la de ellos sobre su piel, adornó con sus palabras lo que sentía, y él dio color a los momentos más oscuros.
Y juntos
hicieron
historia
(La más bonita del libro)

martes, 15 de agosto de 2017

Home

Algunos habéis aprendido a leerme entre líneas y os preguntabais el porqué de mi cambio de humor de ayer. La piscina, la cena y el trivial se convirtieron en golpe de realidad, de que crecemos y la vida sigue, pero la mía sigue estando entre maletas, puentes y casas de acogida.

Me gustaría pensar que soy como un torbellino, que paso como un huracán, sin que os dé tiempo a prepararos, rápida y sonora, que dejo un rastro a mis espaldas; pero soy más bien una brisa marina, que pasa de puntillas, breve e indolora, una corriente de aire cuando te queda la ventana abierta y entran los mosquitos. Pero en dos años (algunas más) me habéis hecho sentir tormenta tropical, sol y verano.
En dos años que empezaron en un autobús y otras pieles, bajo la lluvia y de Aventuras. Trenes, maletas e incluso aeropuertos. Kilómetros de más y sitios de menos. Peajes, patines y larguísimos paseos, a veces sin levantarse del sofá. Bajo distintos techos, pero la misma dulce rutina, la torpeza, el nestea y los vídeos cutres. La comida que siempre sobra y las horas que siempre faltan. Y es que hemos compartido desayunos, meriendas, comidas, cenas y mucho fuet. Despertares, puestas de sol y alguna que otra fiesta. Hemos conquistado Vigo, Coruña, Ferrol, Santiago, Pontevedra, Lugo e incluso algo más lejos. Nos hemos quedado dormidos de puro agotamiento, hemos cantado hasta quedarnos sin voz (unos más que otros) y nos hemos reído hasta llorar. Tardes de piscina, de playa, de rutas, de viajes, de planes, de promesas. Más noches de Trivial, pelis y juegos que las 1001 de Simbad y Sherezade.
De alguna forma este viaje es como cerrar una etapa, una puerta y una mansión de mi historia. Como si a partir de ahora Vigo fuese pasado, aunque no deje de ser presente y futuro, y vida. Como si Vigo empezase a ser mío en el momento en que dejarme llevar cobró todo el sentido del mundo o en el que decidisteis prestarme un trocito del vuestro. 
Os llevo en infinitas entradas de cine, postales de "me acordé de ti" y billetes de todos los transportes imaginables. 
 Gracias por los recuerdos, por cambiarme a mejor y por ponerme triste al despedirme de mi casa al otro lado del puente de Rande.
Lo bueno es que 2 años pueden convertirse en toda la vida que tenemos por delante.

Que estoy cansada de perderos
De perderme
De encontrar(n)os mejor
De entender(n)os peor
De decir adiós, sabiendo que lo es