lunes, 3 de abril de 2017

Cause it takes time learning to fly

Marzo vuela y abril aterriza como las últimas hojas del otoño pasado, flotando en ese soplo de aire fresco que tanta falta me hacía.
Las ideas en mi cabeza siguen comportándose como un remolino. Algunas caen, se posan en mi subconsciente y algo me dice que las persiga, pero el cambio de aires las vuelve a hacer despegar.
Y es entonces cuando yo despego también, mi imaginación me lleva muy lejos y muy arriba, y hago equilibrios sobre una cuerda que hay que aflojar. Y llega la caída libre, pero nunca toco el suelo, me nacen alas y sigo creciendo, sigo subiendo y sigo sin poner los pies en la tierra. Pero entonces la tormenta afloja, y con ella la cuerda, con ella los equilibrios. Se va despejando el cielo, y con él, las dudas. Florecen en Keukenhof los tulipanes y en mi libreta las decisiones.

Como un constante tira y afloja de lo que sé y lo que no, de lo que quiero y lo que puedo, de lo posible y lo improbable. 

(Y entonces el viento se levanta otra vez y la brisa de mi playa me hace cambiar de opinión un día más).



Todavía puedo hacerlo mejor y voy a hacerlo mejor.


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