lunes, 22 de junio de 2015

«BRINDEMOS»

    Inauguro oficialmente el verano 2015, un poco de lluvia y unos grados de menos no le quitan al 21 de junio el puesto de principio del verano. Inauguro oficialmente la cuenta atrás y los pantalones cortos. Inauguro oficialmente los reencuentros y las tardes de playa y sudadera. Inauguro oficialmente las fiestas de pueblo y las orquestas. Inauguro oficialmente los planes improvisados y las arenas en los pies. Inauguro oficialmente los miércoles de cine. Bienvenidos sean todos y cada uno de los "yo hoy no salgo", "hoy sí, pero de tranquis" y "hoy se lía" que saldrán de nuestras bocas.
    Y quiero que brindemos.
    Por lo que ha pasado y por lo que vendrá. Por las horas de tren con los pies en el asiento de delante o en el de al lado. Por los dolores de cuello. Por las tardes de playa y sudadera, y también por las de playa y helado que terminan en sudadera y kleenex. Por el cine con los hombros quemados. Por el aftersun en el bolso y las gafas de sol en la cabeza. Por las ahogadillas en el Montón. Por los libros y por sus páginas. Las que se leen una vez, las que se releen hasta saberlas de memoria y las que se pasan. Por las comedias malas y las veces que nos han hecho llorar de risa. Por todas las temporadas que han acabado y todas las series que he olvidado. Por ti. Por tu verano. Por tu risa y tus recuerdos.

Porque esto promete, brindemos.

jueves, 4 de junio de 2015

Un paseo (en noria) hacia ningún lugar

De esto que estamos empezando junio y se nos viene el tiempo encima. Pero si yo ayer estaba quejándome del frío, ¿qué digo quejándome? ¡Si yo ayer estaba saltando de emoción por la nieve!

Dicen que todo es un ciclo. Un ciclo o una noria. Este Erasmus está siendo una noria. Una noria como la de Augustusplatz, esa en la que te subes sin tener muy claro cómo va a ir, sin tener muy claro si va a hacer mucho frío arriba o si va a ir muy rápido. Una noria que a veces ha ido a más velocidad que otras, en la que unos días hemos reído, otros (nos) hemos gritado. Una noria sin paredes, con un techo cutre como nuestras comidas caseras. Pero firme como nuestros gafes. Una noria que, cuando parece que te has acostumbrado a ella, empieza a ir más rápido. Tanto que te trae a junio sin que te des cuenta. Y cuando estás en la cresta de la ola, en la cima de la Panorama Tower, en la mejor parte de la canción, cuando piensas que ya nada puede ir a mejor, llega el tío de la noria y decide hacernos girar. El tío de la noria sois vosotros. Sois vosotros que decidís hacerme girar, girar, girar y perderme. Sois vosotros que me habéis llevado de Berlín a Praga, de Praga a Dresden, de Dresden al Völkers, del Völkers al Cospudener y del Cospudener al C4. ¡Y sin movernos de la noria! Después, vuelta a empezar, cambiando de ritmo pero sin perderlo (ni el ritmo ni el compás). Despacito y con buena letra. O rápido hasta que el cuerpo aguante. Y cuando realmente nada puede ir a mejor, la noria se realentiza. Se realentiza y empiezas a darte cuenta de que esos 3 euros han estado bien invertidos, como los que pagamos para entrar al Städtisches Kaufhaus en aquel lejano octubre, o al Moritz Bastei, o con Meinfernbus o en Distillery. Se han aprovechado bien como las pizzas de la Strada o los DoubleCrunch del KFC. Bien aprovechados como nuestro querido Mensa y los preciados rayos de sol en Uniplatz. La noria se realentiza y empiezas a ver el billete que has sacado hace un par de días. Pero no olvidéis que esa noria ha llegado a ir tan rápido que nos ha hecho perder la noción del tiempo.


(Y nosotros no nos hemos mareado ni un poquito. Aún nos quedan fuerzas para medio asalto.)