domingo, 11 de mayo de 2014

Domingo, sí, pero el último(casi).

Domingo y se acaba mi rutina. Pero oye, me gustaba, me había acostumbrado a esas 3 horas de Monbus escuchando la música del conductor de turno, o pidiendo en bajito que no se me sentara nadie al lado en Pontedeume para poder ir tranquila, al menos, la mitad del viaje. 
Dicen que a todo se acostumbra uno, que somos animales de hábitos. Pues debe de ser cierto. Me gustaba llegar a Vigo a las 9 y pico y ver la puesta de sol desde el bus en el puente de Rande después de haberme pasado una hora intentando hacer algo productivo y las otras dos con los cascos puestos. Diría que hasta me había acostumbrado a vuestras caras de sobados los lunes en funny, o a las 8 horas de clase (bueno, a eso no). A las horas de vida en la cafetería, esa cafetería que trasladamos nosotros al sol cuando se podía. Incluso a los malditos vaciles, anteproyectas, sí, a eso también.
A todo eso y más. Lo mejor eran los miércoles sintiéndome mal de camino a Santiago en vez de estar estudiando, las noches que empezaban en Conxo o saber que el 5ºE siempre tenía las puertas abiertas y unas mantas para mí. Los jueves de vuelta, las subidas y bajadas al Cuvi, las cenas en el Ecos...y las mil y una noches que, aunque no fueran tantas ni de lejos, lo superan todo en grandeza (lo importante es la calidad, no la cantidad). Grandeza por vosotros, calidad por los momentos y cantidad por las cuestas al Unique. Y único cada jueves después de 4 días quejándonos del frío, el hambre o las incómodas sillas naranjas. 
Llegaba el viernes ("I'm having my mum's food!" como diría nuestra querida) y los viajes a casa. Os prometo que Ferrol nunca fue tan "casa" como este año. Apreciamos las cosas cuando están lejos, y yo aprendí a valoraros y a echar de menos mi maravillosa cama. No digo nada del grandioso verano que nos espera para no quitarle emoción. Y domingo de vuelta otra vez.
Eso cuando se iba a casa, pero que no queden atrás ni sean menos los findes sin viaje, los viernes vigueses y los gofres en Príncipe. Un placer vivir en la misma ciudad que vosotros más de 5 días al año en Tui. Y dicen que los domingos productivos académicamente no existen, ni existirán nunca, y que poca gente me saca de casa el último día de la semana, pero eso sí, por ir a tomar algo y echarnos unas risas en buena compañía que no sea, que ya de paso empezamos la semana con fuerza.
Poco más tengo que decir, ya me he alargado bastante. Ah, y que aunque descubrí un poco tarde a las futboleras como yo, en tercero nos apropiaremos de un bar para todos y cada uno de los partidos.


Declaro cuasi oficialmente inaugurado mi verano y, con él, mis semanas sin domingos, sin lunes y sin saber en qué día vivo.

sábado, 3 de mayo de 2014

Sensaciones

Despertar sin saber qué día es, darte cuenta de que es sábado y remolonear durante horas. Un buen libro al sol. Un colacao en una tarde lluviosa de invierno. Un buen domingo con buena compañía para empezar la semana con fuerzas. Encontrarte a un viejo conocido por la calle y ponerte al día. Una canción que te levanta el ánimo. Una cena con tus amigos. Ferrol lleno de gente. Una noche de fiesta improvisada. El olor a la lluvia en verano. Un viaje. Una foto espontánea. Planear un fin de semana o dejarse llevar por el momento. Un beso en la frente. Pasar la tarde entre pelis, palomitas y mantas escuchando la lluvia fuera. Un día en familia. Un reencuentro. Cantar muy alto en el coche. Una tarde en la playa. Perder la noción del tiempo. Pasar una ola por debajo con la tabla. Una coincidencia. Muchas coincidencias. El primer baño del verano. Un mal chiste de un amigo. Reírte porque sí.

[Feliz sábado a todos en los que he pensado mientras escribía esto.]