miércoles, 30 de agosto de 2017

"Songs you never sang back"

Ella escribe historias sobre el papel y se divierte con sus ideas de bombero y con el desnivel.
Él canta con todos los colores, reinventando canciones de pinceladas mayores.

Ella siempre aceptó no ser más de un 6 y medio y él todavía la describe sobre las nubes, como un 12, riendo.
Ella puso nombre a los miedos de él y él le retrató sus noches en vela.
Ella se inspiraba en los bocetos rotos de cuando él no era capaz de dejar su huella.

A él le gustaba quedarse hasta tarde escuchándola hablar y a ella mirando cómo pretendían soñar.
Ella era de domingos, chocolate y quejarse; él de pelis, palomitas y dejarse.
Él era de muchos reflejos y pocas palabras y ella se dejaba hipnotizar por los silencios que le cantaba.

Ella, rizos de "hoy no estoy peinada"; él la camiseta siempre de pintura, manchada.
De sacarle medias sonrisas con todo lo que ella detesta, de dejarle sin pistas sobre lo que aún a día de hoy le molesta.
De dar vueltas con los ojos cuando con los pies ya no puede, de tratar de explicar con colores lo que todavía no entiende.

Ambos se negaban su existencia mutua, solamente reflejada en los dibujos de él y las páginas de ella. Pero hay quien dice probarla en la canción que sonaba ese verano y en las películas que ocuparon tantos inviernos.

Pero el miedo todavía llama a la puerta. Miedo a que un día a él se le rompan los recuerdos y se le quiebren las canciones. Sin acordes menores. Sin pinturas en la playa. A que a ella se le entrecierren las palabras. Sin mayo. Sin verso, sin armonía.
Necesitan muy fuerte que les deshagan los nudos en la garganta. Que les canten la primavera. Que les abracen todas las penas.

Esto va de historias. Ella escribió la de ellos sobre su piel, adornó con sus palabras lo que sentía, y él dio color a los momentos más oscuros.
Y juntos
hicieron
historia
(La más bonita del libro)

martes, 15 de agosto de 2017

Home

Algunos habéis aprendido a leerme entre líneas y os preguntabais el porqué de mi cambio de humor de ayer. La piscina, la cena y el trivial se convirtieron en golpe de realidad, de que crecemos y la vida sigue, pero la mía sigue estando entre maletas, puentes y casas de acogida.

Me gustaría pensar que soy como un torbellino, que paso como un huracán, sin que os dé tiempo a prepararos, rápida y sonora, que dejo un rastro a mis espaldas; pero soy más bien una brisa marina, que pasa de puntillas, breve e indolora, una corriente de aire cuando te queda la ventana abierta y entran los mosquitos. Pero en dos años (algunas más) me habéis hecho sentir tormenta tropical, sol y verano.
En dos años que empezaron en un autobús y otras pieles, bajo la lluvia y de Aventuras. Trenes, maletas e incluso aeropuertos. Kilómetros de más y sitios de menos. Peajes, patines y larguísimos paseos, a veces sin levantarse del sofá. Bajo distintos techos, pero la misma dulce rutina, la torpeza, el nestea y los vídeos cutres. La comida que siempre sobra y las horas que siempre faltan. Y es que hemos compartido desayunos, meriendas, comidas, cenas y mucho fuet. Despertares, puestas de sol y alguna que otra fiesta. Hemos conquistado Vigo, Coruña, Ferrol, Santiago, Pontevedra, Lugo e incluso algo más lejos. Nos hemos quedado dormidos de puro agotamiento, hemos cantado hasta quedarnos sin voz (unos más que otros) y nos hemos reído hasta llorar. Tardes de piscina, de playa, de rutas, de viajes, de planes, de promesas. Más noches de Trivial, pelis y juegos que las 1001 de Simbad y Sherezade.
De alguna forma este viaje es como cerrar una etapa, una puerta y una mansión de mi historia. Como si a partir de ahora Vigo fuese pasado, aunque no deje de ser presente y futuro, y vida. Como si Vigo empezase a ser mío en el momento en que dejarme llevar cobró todo el sentido del mundo o en el que decidisteis prestarme un trocito del vuestro. 
Os llevo en infinitas entradas de cine, postales de "me acordé de ti" y billetes de todos los transportes imaginables. 
 Gracias por los recuerdos, por cambiarme a mejor y por ponerme triste al despedirme de mi casa al otro lado del puente de Rande.
Lo bueno es que 2 años pueden convertirse en toda la vida que tenemos por delante.

Que estoy cansada de perderos
De perderme
De encontrar(n)os mejor
De entender(n)os peor
De decir adiós, sabiendo que lo es