jueves, 19 de mayo de 2011

El sol entró por la pequeña rendija de la oscura y fría habitación en la que estaba escondida, escondida por ser diferente, por intentar vivir la vida al límite; y, por esa razón, haber puesto en duda y en peligro las "reglas" de aquel lugar.
Pero, ¿qué clase de lugar se rige por unas normas que todos tienen que cumplir al pie de la letra? Pues un lugar en el que todos son iguales, aburridos, todos visten igual, se peinan igual, sus casas son iguales... Un lugar en el que cualquier persona que haga un cambio, por ligero que sea, es considerado diferente, raro, y desde ese momento se le margina, se le trata como a un apestado, ¿y todo eso por qué? Por intentar darle color ese lugar monótono, gris y aburrido.
Pues eso fue lo que hice yo. Yo salí a la calle cuando no podía más y grité, grité con toda mis fuerzas, hasta que ya no pude más, hasta que me quedé afónica, y así fui abriendo todas las puertas y despertando a todo el mundo de esa larga y dura pesadilla, esa horrible pesadilla en la que todos los días eran iguales.
¿Y cómo me lo agradecieron? Persiguiéndome, como a un animal salvaje que escapa de un cazador.
TODOS,del primero al último. Exceptuando a un chico, un chico alegre, vivaz, y de brillantes ojos grandes, él siempre llevaba una preciosa sonrisa en la cara que me iluminaba todas las mañanas, cuando se asomaba a mi ventana y me tiraba una flor, una flor amarilla, que recogía del bosque todos los días.
No sé cuanto tiempo llevaba allí escondida, pero decidí salir.Si había hecho todo eso, había sido por algo, y no lo iba a abandonar así porque sí con el primer inconveniente.
Abrí la puerta de aquella sala y salí.
Lo primero que vi no me gustó, las casas grises y feas que había por todas partes.
Pero lo segundo que vi, me arrancó una sonrisa, vi unos ojos grandes y brillantes y una sonrisa reluciente esperándome fuera.


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