23 de enero

2024 empezó muy mal. Hoy para mí hace un año de ese comienzo.

366 días. Unos pocos en los que solo podía ver las olas revolcándome y tragar mucha agua. 350 días de aprendizaje. Más de 300 en buena compañía. 2 bodas. Mucho norte. Más sur. 8 viajes. Un par de sustos. 400 lloraditas y a seguir. Muchas tardes en casa. Horas de cine. Sol. Música en directo. Cenas de dos. Planes improvisados.

Un 2024 de baches, de miedo, de aprendizaje. Un 2024 que se paralizó el 23 de enero y un par de veces más por el camino al año nuevo.

Me ha costado 23 días de 2025 tener ganas de terminar y compartir este texto. 23 días de 2025 y 366 de aquel día en el que todo, menos simplemente "estar", fue un poco más relativo. 366 desde ese tren y ese avión con lágrimas en los ojos. 366 de ese guardia de seguridad en la puerta del hospital al que siempre agradeceré el gesto. 366 de mi primer adiós para siempre. Hoy sé que descansas y que has sonreído al vernos brindar el 31, juntos, como a ti te gustaba.

Al 2024 yo le había pedido tranquilidad, salud y seguir abrazando a los míos. Que no fuésemos menos y que al final saliese todo bien. No lo cumplió. Se quedó lejos de ser un buen año, pero sí tuvo muchos momentos muy buenos. Y sobre lo de que al final todo saliese bien, "la película no acaba hasta que no aparece la palabra fin", y en este camino lleno de baches todavía queda mucho por recorrer. En 2024 aprendí a ser fuerte.

Para 2025 podría ser exigente, podría pedirle producir menos y crear más, volver a ponerle palabras a mi nudo en la garganta y darle alas a mis ideas, viajar y seguir descubriendo, ver más a los míos, no perderme momentos importantes por estar lejos, o llorar más de alegría que de tristeza... Visto lo visto, solo le voy a pedir lo de siempre: seguir celebrándolo un año más, sin más sillas vacías a mi alrededor, y si no es mucho pedir, cambiar de década rodeada de la gente que quiero, seguir aprendiendo y creciendo y mucha paz.

Que venga despacito y no me arrolle como el 2024.




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