Crecer es aprender a despedirse

Dicen que crecer es aprender a despedirse.

De personas que ya no están. Algunas a las que he tenido que cerrarles la puerta. O las ventanas. Porque se habían convertido en ese ruido molesto al entrar en la autovía cuando no has cerrado bien una ventanilla.

A despedirse también de olores, de sabores, de colores que antes veía más brillantes.

De todas las ciudades que me han llevado a quien soy hoy. Que le han dado un sentido a mi nombre, con un acento, un apodo, un idioma.

Pero crecer también es aprender a despedirse de versiones de mí que ya no existen.

La que viajaba a otros mundos cuando leía. La que no miraba la hora mientras volvía a casa en Barcelona. La que decía que sí a todos los planes en lunes, jueves o domingo. La que tenía la maleta en la puerta cada semana. La que dormía en un colchón en el suelo con vistas al barrio de Gràcia. La que se mudó sin mirar atrás. La que cada viernes elegía peli, juegos y cena. La que se equivocó y la que acertó. La que cada fin de semana podía volver en autobús a casa. La que planteó mil opciones una tarde tomando un batido y terminó eligiendo sin saber cómo saldría. La que tenía claro cuál era el siguiente paso. Y la que no tenía ni idea de qué puertas abrir ni lo que había detrás de ellas. 

A todas esas versiones de mí que ya no existen, que se quedaron atrás, porque les hicieron daño o porque perdieron el tren. Llevo varios días pensando en qué decirle a todas esas versiones. Y hoy se lo quiero decir a la que se mudó sin mirar atrás, a la que encadenó decisiones sin saber cómo saldría.

Me encantaría poder decirle que saldrá bien, y que habrá días en los que no lo sentirá así, pero merecerá la pena.

Quiero decirle que estar lejos de casa es sentirse sola, perderse momentos importantes, tener ganas de hacer las maletas. Que estar fuera es sentirse pequeña, pero también grande, si miras atrás y ves lo que has conseguido.

Que en todas esas ciudades, en todos esos mares, se quedará un cachito de ti, y que con cada cachito te sentirás más pequeña. Que ahora me siento así. Sola, lejos, pequeña, invisible.

Que no siempre es difícil. Vas a escucharte bien con otro acento, vas a sentirte en casa fuera de ella, vas a tener personas que sean hogar, que te hagan reír. Las tendrás. Yo tengo una.

Que no siempre es fácil. Que te perderás muchas cosas y que habrá días en los que quieras salir a tomarte una cocacola al sol y no sabrás a quién llamar. Porque estás lejos. Porque a veces simplemente no hay nadie.

Que habrá días largos, complicados, en los que el silencio dolerá más porque necesitas hablar.

Podrás volver de vez en cuando. Y aunque a veces será como si el tiempo se hubiera detenido cuando te fuiste, te encontrarás con que el mundo habrá seguido girando sin ti. Y eso da mucho vértigo. Porque cuando vuelvas habrá sillas vacías, historias desconocidas, muchas noticias de golpe. Habrá mucho que celebrar, que recordar.

Sigo viajando cuando leo, pero ya no siempre hay planes a los que decir que sí. Sigo teniendo una maleta, pero ya no puedo volver cuando quiero. Sigo teniendo los pies sobre la tierra, pero nada claro el siguiente paso.

Porque crecer también es eso. Aprender a sentirte sola, lejos, pequeña, invisible.

Hoy me siento así. Mañana será otro día.

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Las decepciones son al alma, lo que las tormentas al aire"

Septiembre torbellino

Ojalá fuera ficción