jueves, 15 de enero de 2015

De enero y de por qué nos da pereza la vida.

Enero y sus días largos y noches aún más largas. Llega uno de esos dos meses al año en los que mires dónde mires sólo ves bibliotecas a rebosar y words abiertos durante horas. Que hables con quién hables sólo oyes quejas (mías sobre todo) y listas interminables de cosas que hacer.
Ese momento en el que te replanteas tu vida y esos 4 meses que llevas de clase. Madre mía, ¿esto cuándo lo dimos? ¿Esto en qué idioma está? Ese tema fijo que no entra. Ni este. Ni ese tampoco. 
No es novedad que proteste por todo, pero sí que lo haga 24horas al día. La vuelta al cole es horrible y lo ha sido siempre, pero cada vez nos cuesta más encerrarnos en una biblioteca a echar la tarde. O el fin de semana.
Enero y sus ganas de nada. Llega con fuerza este año, llega con morriña y con frío polar. Porque sí, porque ese famoso artículo de "el despropósito de los exámenes de enero" no podría llevar más razón, y nuestra actitud tampoco ayuda.
Que sí, que estas semanas son la muerte y que nuestra cama es lo más atractivo en nuestras vidas ahora mismo, aunque en cuanto llegamos a ella ni siquiera descansamos, que no vemos el momento de dejarlo todo y tomar algo con los de siempre, y que el chándal es nuestro mejor amigo. Pero que, nos guste o no, c'est la vie, dos veces al año no hacen daño, y si tengo que sufrir 2 meses por otros 10 de buena vida, firmo donde sea.
Porque enero es el mes oficial del chocolate, de las 18 quejas por minuto y de las bandas sonoras para estudiar. Pero febrero está ahí y marzo va a ser muy grande. Y lo sabéis.
Dicho esto que acabo de escribir por el simple hecho de buscar una excusa para desconectar, podéis volver a bajar la cabeza hacia vuestros apuntes, podéis prepararos otro café y podéis quejaros otras 50 veces, pero ánimo, suerte y palante, que maloserá.
PD: aquí estoy yo, tachando días y dejándoos con la duda de cuándo tendréis que abrirme la puerta.

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