viernes, 15 de abril de 2016

"...y cuando al fin la encuentro llega aquel mar de dudas"

Acojo en mi hogar palabras que he encontrado abandonadas en mi palabrera,
examino cada jaula y allí, narrando vocales y consonantes,
encuentro sucios verbos que lloran 
después de ser abandonados por un sujeto que un día fue su amo,
y de tan creído que era, prescindió del predicado.

Esta misma semana han encontrado a un par de adjetivos trastornados, 
a tres adverbios muertos de frío y a otros tantos de la raza pronombre
que sueñan en sus jaulas con ser la sombra de un niño.
Señalo entonces a las palabras que llevan más días abandonadas y me las llevo a casa,
las vacuno de la rabia y las peino a mi manera, como si fueran hijas únicas, 
porque en verdad todas son únicas.

Acto seguido y antes de integrarlas en un parvulario de relatos o canciones,
les doy un beso de tinta y les digo que si quieres ganarte el respeto,
nunca hay que olvidarse los acentos en el patio.
A veces les pongo a mis palabras diéresis de colores imitando diademas
y yo solo observo cómo juegan en el patio de un poema.

Casi siempre te abandonan demasiado pronto,
y las escuchas en bocas ajenas, y te alegras y te enojas contigo mismo,
como con todo lo que amamos con cierto egoísmo.
Y uno se queda en casa, inerte y algo vacío, 
acariciando aquel vocablo mudo llamado silencio, 
siempre fiel, siempre contigo.

Pero todo es ley de vida.
Como un día me dijo el poeta Halley:
si las palabras se atraen, que se unan entre ellas, 
y a brillar, que son dos sílabas.


Love of lesbian-El poeta Halley, con Serrat

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