domingo, 4 de junio de 2017

Somos los puentes que nosotros mismos hemos construido

Este partido empezó hace 4 años. Cada vez había más en juego y menos jugadores. Estamos en tiempo de descuento y ningún penalti puede arreglarlo si nos dejamos despistar.
Mentiría si dijese que han sido 4 años perfectos y que no me arrepiento de nada.
Mentiría si dijese que me encantaron las asignaturas y he aprendido un montón en todas ellas.
Mentiría si dijese que recordaré siempre todos vuestros nombres y me alegraré al veros.

Pero esto no va de mentiras y sí hay unas cuantas verdades que os alegrará saber, o no.

Igual que para muchos de vosotros, para mí termina una etapa imperfecta. Esperad, que no es nada malo. Imperfecta porque, aunque pienso seguir teniendo años cada vez mejores, estos han sido increíbles precisamente por su falta de perfección, porque aprendes a que te decepcionen, a que las cosas no salgan como quieres, pero también a ver el lado positivo, a buscar soluciones y a reírte de tus problemas en una terraza. Aprendes que, a veces, tienes que ser tú quien saque las castañas del fuego. Y nadie te enseña a hacerlo.

No sé si he aprendido todo lo que me habría gustado, pero ha habido personas que, igual que a mí, han inspirado a muchos, tanto en Vigo como en el Erasmus. Porque sí, chicos, hemos sobrevivido lejos de casa, con un idioma que no es el nuestro y algunos incluso han aprendido a cocinar. Y hay algunas cosas que, al menos yo, he aprendido: que hay gente que pisoteará a quien haga falta para llegar a donde quiere; que da igual lo que hagas, no te reconocerán ni la mitad; que a veces nos merecemos ser egoístas. Para qué nos vamos a engañar, todos sabemos perfectamente de quién vamos a acordarnos dentro de 5, 10 o 20 años. Y otra cosa que tengo clara es que no solo me olvidaré de la mayoría en unos años, sino que, lejos de desearles mal, espero no volver a encontrarme a unos cuantos. Porque (y menos mal) también he aprendido a alejarme de quien no merece un minuto de mi tiempo.

Pero lo importante es que hay una serie de personas a las que sí quiero darles las gracias. Lo que vengo a deciros es que lo que me voy a llevar es a aquellos que sí te darán la mano para ayudarte a subir, los que realmente te hacen sentir bien. 

Gracias a mi familia por haberme apoyado en mi decisión de quedarme (y también la de irme). Empezar primero no fue fácil, y el volver a una casa vacía los findes no ayudaba, pero estoy segura de que sin el apoyo incondicional de mis padres y mi hermana no habría llegado hasta donde estoy ahora. Las horas por Skype, los vuelos, los viajes, todas esas veces que tuvieron que recordarme que sí valía para esto, que me merecía lo que tenía y que llegaría hasta donde me propusiera llegar. Gracias.

Pero gracias también a mis amigos de toda la vida (o a los que fueron quedando), por hacerme sentir que mi casa no estaba tan vacía, que la distancia no hace olvidar todas las amistades, que Santiago, Coruña y Pontevedra tienen las puertas abiertas para mí y que ese sofá lleva mi nombre. Por los viajes, las vacaciones, las cenas y los planes. Y a mis amigos del Erasmus y de Vigo, ya os he dicho todo lo que quería.

Y no me olvido de vosotros, farándulos y alguno que otro más. Nunca había conocido a tanta gente nueva en tan poco tiempo, a tanta gente diferente y con tantos puntos de vista. Si hay algo que he ganado, es una mente infinitamente más abierta que cuando llegué. Me acordaré de los jueves, las fiestas, las horas en la cafetería, las cartas, el comedor, las canciones, la biblioteca, la cola en la fotocopiadora y el microondas, las clases de los viernes en primero, los martes y jueves hasta las 9, las cenas de clase que cada vez eran más reducidas, el humo que echaba el grupo de whatsapp en exámenes y los rayos de sol de septiembre y mayo exprimidos al máximo en unas escaleras de piedra. Me llevo a nuestros haters, las horas de Ourensano, las apuestas en Samil, las composiciones, las albóndigas de los lunes y los días tontos, las noches de cine casero, los trabajos en grupo y las tardes de estudio conjunto, los planes improvisados, la noche por Santiago y el viaje a Italia. Ya dije que no iba a mentiros, no pensaba que fuera a echar esto de menos, pero supongo que estos dos últimos años habéis conseguido cruzar mi fortaleza, habéis conseguido llegar a la persona sensible que tengo dentro y os habéis ganado un huequito en ella (en terraza y al sol, por favor).

¿Y ahora?
Ojalá lo supiera. 
Los que me conocéis sabéis que me gusta tener las cosas claras y los cabos atados. Los que no, pues eso que os lleváis. El caso es que es la primera vez en mi vida que no tengo un plan, y estoy segura de que muchos estáis igual. Y sin saber yo nada de esto ni tener la más mínima intención de hacerme la entendida, quiero decir que, hagáis lo que hagáis, vivid. Salid de vuestra zona de confort, viajad, sorprendeos, no tengáis miedo a fallar, atreveos también a equivocaros, a saltaros vuestras normas y a decir que sí, pero también que no, hacedlo, improvisad, dejaos llevar (y que siga sonando tan bien), desobedeced y, sobre todo, perseguid lo que buscáis. Pensad en cuando, hace 4 años, o los que sean, estábamos en nuestras respectivas graduaciones de bachillerato, a lo mejor con el pelo más largo o unos tacones más altos, pero con mucho menos mundo, muchas menos ideas y muchísimo más miedo escénico. En aquel momento, todo lo que hemos conseguido ahora, nos asustaba, era ese sendero sin explorar del que ya nos conocemos todos los rincones y todos los secretos, era lo desconocido, y ahora es esa casa que tanto tememos abandonar. Pero también esa que debemos dejar atrás para abrirle la puerta a lo que nos depara el futuro, sea lo que sea. A mí se me abre una puerta y estoy sola frente a ella, pero estamos preparados para cruzarla. Así que, como ya dije alguna vez "yo a priori no sé, pero a posteriori sé que de hasta los errores se aprende. Que siga siendo un a priori todo lo que queráis. Que abras los ojos y seas consciente del precipicio. Que los cierres y que saltes. Que adelante y no mires atrás. Que se cuele un a posteriori en tu cabeza. "Que nadie ose jamás fijar tus metas". Inténtalo. Fracasa. Ten éxito. Gana. Pierde. Adelante, equivócate. Adelante, cómete el mundo".





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